lunes, 22 de mayo de 2017

Derecho Político - Comisión B6 (Martes)

Materia: Derecho Político - Año académico: 2017 - Período Lectivo: Primer Cuatrimestre - Comisión: B6 - Profesor Andrés Salvador

A fin de disponer un texto que oriente la elaboración del Trabajo Práctico Final [Instructivo] se solicita traer impreso para la clase del 23/05: Andrés Salvador, Notas de lectura a Jean-Jacques Rousseau Política y Cultura de Rafael Vargas Gómez, Universidad Nacional del Nordeste / UNNE, Corrientes, 2011.

lunes, 15 de mayo de 2017

Derecho Político - Comisión B6 (Martes)

Materia: Derecho Político - Año académico: 2017 - Período Lectivo: Primer Cuatrimestre - Comisión: B6 - Profesor Andrés Salvador


Parlamentarismo y Presidencialismo Zimerman, Hector J. Curso de Derecho Político - Tomo II Primera Parte. Corrientes, ed. del Autor, 2011. Recomendamos adelantar la lectura de:

- Sistema político de Gran Bretaña - Zimerman, Capítulo II pp. 23 - 54.

1. Gran Bretaña y el Parlamentarismo (23)

2. Las Instituciones del Reino Unido (24)

a. La Corona (24)

- Facultades o Poderes de la Corona (26) = Prerrogativa Real - Definición de Blackstone: División (27): a. Ordinarios, b. Absolutos, c. Inseparables

b. El Parlamento (28): Funciones (29)

a) La Cámara de los Comunes (30):

- Presidente de la Cámara = Speaker (32)
- El Jefe de la Oposición (33) [Gabinete en las sombras (33)]
- Las Comisiones (34)

b) La Cámara de los Lores (37)

- Composición (37)
- Funciones (39)

c) Del Consejo Privado al Gabinete (43)

- Características del Gobierno de Gabinete (45): a. El gobierno recae en un solo partido, que cuenta con la mayoría en la Cámara de los Comunes, y todos los ministros pertenecen al mismo partido (45), b. El Ministerio se integra con miembros del partido mayoritario, que pertenecen a ambas Cámaras (45), c. El Gabinete es una composición reducida del Ministerio, ya que no todos los ministros son miembros del mismo (45), d. El Gabinete funciona con un Jefe Premier (46), e. La responsabilidad del Gabinete es colegiada (46), f. El cambio de sujeto de la soberanía (46)

- La excepción del 2010 (47)

d) El Poder Judicial (48)

- Reform Act de 2005 (50): Lord Canciller y Lord Jefe de Justicia: Funciones (51)

- Derecho aplicable en Gran Bretaña (52)

- El sistema político de Estados Unidos - Zimerman, Capítulo III pp. 55 - 100.

1. Introducción (55):  

a. Debate sobre la organización política administrativa de las colonias (55) = soberanía de los Estados miembros y esfera de competencia del Gobierno Federal = RESERVA (55); 

b. Organización constitucional (56) = Originalidad (56): 1. Función de la Suprema Corte, 2. Sistema Presidencialista, 3. División de Poderes, 4. Estado Federal.

c. Perfectibilidad del ordenamiento político administrativo (57): 1. Debate propiciado por Hamilton y otros pensadores = Paso de la confederación de Estado a una federación, 2. El Federalista (57).

2. Organización Política Administrativa (59):

a. Gobierno Congresional (59)

b. Primacía del Estado Federal (59): 1. Ley suprema de la Nación: actos dictados, hechos o convenidos bajos su autoridad (60), 2. Judicatura del Órgano Federal: Actos competencias de la Federación (60).

c. Acrecentamiento de la Facultades, atribuciones y discrecionalidad del Ejecutivo (60) = Distinción con el hiperpresidencialismo de los gobiernos latinoamericanos (60).

3. División de Poderes

a. Intención de los constitucionalistas: trama legal que elimine lo mejor posible el ejercicio de un gobierno sin limitaciones e irresponsable (61).

b. Experiencia Americana =  Principios (62): 1. División funcional del Poder, 2. Division horizontal del Poder, 3. División territorial y administrativa, 4. Integración de los órganos Ejecutivos y Legislativos, 5. Control interorgánico [Checks and Balances = Frenos y Contrapesos], 6. Instauración del gobierno de las leyes, 7. Constitución como garante del ejercicio de Derechos Fundamentales, 8. Consagración de los principios liberales.

4. Poderes constituidos (63)

a. El Presidente (63): 

1. Imposición normativa (65): simboliza al conductor de los Estados Unidos y quien dirige el destino de sus habitantes independientemente de quien lo ha votado o sus indices de exposición o popularidad (63), 

2. Poderes y atribuciones: 

a. Jefe del Poder Ejecutivo (65):

- Duración en el mandato: 4 años
- Condiciones para ser electo
- Emolumento
- Limitación del oficio a dos periodos

b. Comandante en Jefe del Ejercito y Marina (66):

- Actividades propias en épocas de crisis
- Designación y remoción de los Altos Mandos

c. Jefe de la Administración (67):

- Obligaciones de ejecutar las Leyes y nombrar funcionarios
- Como puede ejercerlas [1-2-3]
- Cortesía Senatorial (68)

d. Impulsor dela Política Exterior (68):

- Aplicaciones particulares: a. Celebrar tratados y b. Negociación y ratificación

b. El Congreso (72)

1. Bicameralidad (72): Cámara de Senadores y Representantes
2. Elección (72)
3. Presidencia de los mismos (73)
4. Comisiones (74)
5. Atribuciones Legislativas (75):

- Poderes Fiscales (75)
- Poderes monetarios y crediticios
- Poderes de regulación del comercio interestatal (76)
- Poder postal
- Poderes militares
- Poderes de regular el gobierno de los territorios
- Poderes de organizar la Administración Judicial (77)
- Otros Poderes: Naturalización, propiedad, intelectual, piratería etc.

- Pautas fijadas para el funcionamiento del Poder Judicial (77):

1. Autoriza la creación de  Tribunales Federales
2. Confirma los candidatos propuestos por el Presidente
3. Aprueba el presupuesto y el porcentaje destinado al funcionamiento de la Justicia

c. El Poder Judicial (78)

1. Doble competencia: Tribunales Federales y de cada Estado miembro (78)
2.  Estructura d elos Tribunales Federales (79)

- Sistema político Francés - Zimerman, Capítulo III pp.  101 - 138.

3. Representación, Régimen Electoral y Partidos Políticos

Materiales para Derecho Político 16
Materiales para Derecho Político 13

Regimen Electoral de los Partidos Políticos Ley 23.298 (1985) [Ver Aqui]

Titulo 1: Principios Generales
Titulo 2: Fundación y Constitución
Titulo 3: Doctrina y Organización
Titulo 4: Funcionamiento
Titulo 5: Patrimonio [ Ver: Ley 25.600 (2002)]
Titulo 6: Caducidad y Extinción
Titulo 7: Procedimientos Partidarios ante la Justicia Electoral
Titulo 8: Disposiciones Generales
Titulo 9: Clausula Transitoria

Principios Generales

Instrumentos necesarios para la formulación y realización de la política nacional a quienes le incumbe en forma exclusiva la nominación de candidaturas para cargos públicos electivos (Art. 2)

Se permite que los Partidos presenten a las elecciones  candidatos que no estén afiliados siempre que lo autorice la Carta Orgánica (Art. 2)

En cuanto a su formación Arts 7 a 9

Tipos de organizaciones previstas:  Partidos: 1. Distrito 2. Nacionales 3. Confederaciones, Fusiones y Alianzas transitorias

Reconocimiento de Personería Jurídica por parte de la Justicia Electoral (Art. 2)

Documentos a presentar: Declaraciones de Principio y Carta Orgánica = Ley Fundamental: 21

Nombre: 13, 14, 16

Plataforma electoral: 7,16, 22

Domicilio: 19

Símbolo, emblema, número de identificación: 38

No establece control ideológico pero pueden declararse extinguidos: 51 c) y d)

Funcionamiento Interno
  • Obligación de llevar libros: 11 = Inventarios, cajas, actas, resoluciones y fichero de afiliados: 37
  • Quienes no pueden afiliarse: 24
  • No se admite doble afiliación: 25
  • Padrón partidario publico: 27
  • No pueden ser candidatos: 33
Caducidad - extinción

Retiro de la personería legal: 49 a 54 [caducidad -extinción]

Efectos = Caducidad: 53 1° parte - Extinguido: 53 2° parte

Respecto del nombre: 17

Materiales para el estudio de los antecedentes de la idea de representación y formación de los partidos políticos

Andrés Salvador, Materiales para el estudio de los antecedentes de la idea de representación y formación de los partidos políticos, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas. Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) Cátedra B. Sujeto a revisión.
 Posición del sujeto en la agregación política del mundo antiguo. En  el mundo antiguo como bien observa Aristóteles la agregación política [aquí la polis = Ciudad] es anterior al individuo: “es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo (…) Y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad sino una bestia o un dios  (I,14)” [recordemos que para Aristóteles: “la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre” (I,9)][1]. En este contexto las libertades privadas [el individuo como particular] que integran lo que Benjamin Constant llama libertad de los antiguos se caracteriza por el hecho de: “la subordinación absoluta del individuo a la autoridad del todo (…) la autoridad del cuerpo social se interpone e importuna la voluntad de los individuos (…) En las relaciones más domésticas, la autoridad interviene igualmente (…) Las leyes regulan las costumbres y como las costumbres lo abarcan todo, no hay nada que las leyes no regulen (…)  entre los antiguos, el individuo, soberano casi habitual en todos los asuntos públicos, es esclavo en todas las relaciones privadas (…) como particular está circunscrito, es observado, reprimido en todos sus movimientos; como parte del cuerpo colectivo, puede ser a su vez privado de su estado, despojado de su dignidad, desterrado, condenado a muerte, por la voluntad discrecional de la colectividad de la cual es parte” (Constant).

El sujeto político se piensa como parte de un agregado anterior antes que como individuo, de allí que Constant afirme: “Los antiguos, como dice Condorcet, no tenían idea de los derechos individuales. Los hombres no eran, por así decirlo, más que máquinas para las cuales la ley regulaba los resortes y dirigía las ruedas”[2]. Hay pues un: “sometimiento de la existencia individual al cuerpo colectivo” (Constant).

Ejercicio de la soberanía por el individuo en los asuntos públicos en el mundo antiguo. Ahora bien la libertad de los antiguos para el individuo, parte del agregado socio-político [=cuerpo social / cuerpo colectivo / colectividad], en los asuntos públicos [el individuo como ciudadano]: “consiste en ejercer colectiva y (…) directamente varias partes de la soberanía”[3] lo que constituye una fundamental diferencia respecto del modo que en orden a esos asuntos se ejerce la libertad de los modernos, que examinaremos más adelante, en efecto: “La participación que en la Antigüedad tenían todos en la soberanía nacional no era, como ahora, una suposición abstracta. La voluntad de cada uno representaba una influencia real: el ejercicio de la voluntad era un placer vivo y repetido. Como resultado, los antiguos estaban dispuestos a hacer grandes sacrificios para la preservación de sus derechos políticos y de su participación en la administración del Estado” (Constant). “la libertad de los antiguos (…) consistía en la participación activa y constante en el poder colectivo” (Constant).

En concreto debido a que en la Ciudad Antigua  “el individuo se había perdido de alguna manera en la nación, y el ciudadano en la ciudad.” (Constant) el sujeto integrado en el cuerpo colectivo  que detenta la <soberanía nacional> ejerce partes de esta <soberanía> de forma tanto colectiva como directa, por ello como explica Constant el sistema representativo: “es un descubrimiento de los modernos (…) [ya que] el estado de la especie humana en la Antigüedad no permitía a una institución de esta naturaleza introducirse o establecerse”.

En sentido estricto entre los antiguos (en la Ciudad) no hay representación tal como se entenderá en la modernidad: “En el mundo antiguo (…) era imposible la existencia de un gobierno popular regular fuera de los muros de una poblacion, de una ciudad, porque las condiciones físicas indispensables para formar y propagar una opinion no se encontraban sino entre aquellos que podian reunirse i discutir los asuntos públicos en la misma agora. Créese generalmente que este obstáculo ha desaparecido desde la adopcion del sistema representativo” [John Stuart Mill, El gobierno representativo, ed. Administración la Biblioteca Científica-Literaria (Sevilla) – Librería de Victoriano Suarez (Madrid), 1878, p. 18].

“Ciertos grupos de poblacion, como los habitantes de una ciudad antigua ó los de algunos pueblos de Asia, pueden haber contraido el hábito de ejercitar sus facultades en el manejo de los intereses de la ciudad ó de su aldea: pueden llenar las exigencias de un Gobierno popular en los estrechos limites de su localidad, pero permaneciendo estraños í todo uso, á toda capacidad de atender los intereses de otras muchas ciudades semejantes” (Stuart Mill, p. 111).

La libertad de los antiguos (Constant) se corresponde a los que Isaiah Berlin llama libertad positiva [esto es “el ser libre para algo” lo que supone pensar la libertad del actor social como “sujeto” (Berlin)] ahora esta libertad era posible porque el hecho de ser hombre no implicaba el ser sujeto de derecho y menos aún sujeto político: “Sin la población esclava de Atenas, veinte mil atenienses no hubieran podido deliberar cada día en la plaza pública” (Constant).

“El objetivo de los antiguos era el reparto del poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria; eso era lo que llamaban libertad” (Constant)[4].

Posición del sujeto en la agregación social del mundo medieval

En la Edad Media el agregado anterior del cual el sujeto político se piensa parte se representa en términos de estamento y como resultado de ello explica Erich Fromm: “Al poseer desde su nacimiento un lugar determinado, inmutable y fuera de toda discusión, dentro del mundo social, el hombre se hallaba arraigado en un todo estructurado, y de este modo la vida poseía una significación que no dejaba ni lugar ni necesidad para la duda. Una persona se identificaba con su papel dentro de la sociedad; era campesino, artesano, caballero, y no un individuo a quien le había ocurrido tener esta o aquella ocupación. El orden social era concebido como un orden natural, y el ser una parte definida del mismo proporcionaba al hombre un sentimiento de seguridad y pertenencia” (Fromm, p. 68).

La obligación de consejo en el feudalismo y las instituciones estamentales representativas En función de los pactos feudo-vasalláticos, el vasallo se comprometía a prestar al señor servicios de consejo y auxilio —concilium et auxilium— y será esta obligación de consilium la que “subyacía en la participación de la élite urbana” (Carlos Astarita, Del feudalismo al capitalismo: Cambio social y política en Castilla y Europa, pg. 103) en instituciones estamentales representativas como las Cortes [que derivan de la Curia regia y con mayor precisión de un tipo particular de la misma llamada Curia Plena o Pregonada] en los reinos cristianos de la península ibérica (1188), los États généraux = Estados Generales en el  royaume de France = reino de Francia (1302), o el Model Parliament = Parlamento Modelo, término utilizado para el  Parlamento de Inglaterra del rey Eduardo I en 1295 [desarrollado a partir del Magnum Concilium = Gran Consejo que aconsejó al rey durante la época medieval que se corresponde al papel del Conseil du Roi en Francia].

Ahora el consejo es ante bien una servidumbre resultado del contrato sinalagmático que supone la relación  de Vasallaje que propiamente el <Derecho> de un sujeto político pensado en términos de <individuo> y  las instituciones estamentales representativas son un  modo de materializar la relación entre el Rey y el Reino que se articulan por relaciones vasalláticas, en este sentido por ejemplo la representación del tercer estado, común o pueblo llano no alcanza a los campesinos sino a las élites urbanas de ciertas ciudades a las que se concedía <voto en Cortes>, por lo que tampoco puede identificarse dicha representación con la que se observa en las democracias representativas de la Edad Contemporánea [no es un dato menor que el término democracia representativa es utilizado por primera vez por Alexander Hamilton en 1777[5]]

Posición del sujeto en la agregación social del mundo moderno

Entre los modernos la libertad: “consiste en el disfrute pacífico de la independencia privada” (Constant) es decir que “El objetivo de los modernos es la seguridad en el goce privado y llamamos libertad a las garantías concedidas por las instituciones para ese goce” (Constant) en consecuencia “los individuos tienen derechos que la sociedad debe respetar” (Constant).

Por ello la libertad de los modernos se corresponde con la libertad negativa [“el estar libre de algo” lo que supone pensar la libertad del actor social como “objeto” (Berlin): “En este sentido la libertad política es (…) el ámbito en que un hombre puede actuar sin ser obstaculizado por otros (…) Sólo se carece de libertad política si algunos seres humanos le impiden a uno  conseguir un fin” (Berlin)] que Constant la describe en estos términos: “En primer lugar, pregúntense ustedes, señores, lo que hoy en día entiende por la palabra libertad, un inglés, un francés, un estadounidense. Para cada uno de ellos consiste en el derecho de no someterse sino a las leyes, de no ser ni arrestado, ni detenido, ni ejecutado, ni maltratado de ninguna manera, a causa de la voluntad arbitraria de uno o varios individuos. Es para cada uno de ellos el derecho de decir su opinión, de elegir una profesión y ejercerla, de disponer de su propiedad, incluso abusando de ella; de ir, de venir sin permiso y sin dar explicación de sus motivos o de sus procederes. Es para cada uno de ellos el derecho de reunirse con otros individuos, ya sea para compartir sus intereses o profesar el culto que él y sus asociados prefieran, ya sea simplemente para colmar sus días o sus horas de la manera más acorde a sus inclinaciones, a sus fantasías” (Constant).

Comprensión de la evolución de la libertad de o positiva de los antiguos a la libertad para o negativa de los modernos La comprensión de “la evolución de la libertad de a la libertad para” (Fromm, p.154) [Tengamos presente que según Fromm estas: “dos tendencias contradictorias (…) corren paralelas o, con más precisión, se entrelazan de continuo” y que en “algunos períodos y en ciertos grupos sociales” la libertad humana en uno de sus sentidos puede constituir el factor dominante (Fromm, p.154)] condición necesaria para localizar en su contexto el asunto de la representación requiere atender a las consecuencias de la: “libertad de los vínculos tradicionales de la Edad Media” (Fromm, p.134. Negrita mía).

En la sociedad antigua medieval se advierte una con-fusión [fusión-con] entre el espacio teórico y material de lo público con el espacio teórico y material de lo privado: “En las cosas que nos parecen más útiles, la autoridad del cuerpo social se interpone e importuna la voluntad de los individuos” (Constant) así: “Todas las acciones privadas están sometidas a una vigilancia severa. Nada se dejaba a la independencia individual, ni las opiniones, ni las profesiones, ni sobre todo la religión. La facultad de elegir su religión, facultad que nosotros consideramos como uno de nuestros derechos más preciados, habría parecido para los antiguos un crimen y un sacrilegio” (Constant) de esta forma por ejemplo: “En Roma, los censores llevan un ojo escrutador al interior de las familias. Las leyes regulan las costumbres y como las costumbres lo abarcan todo, no hay nada que las leyes no regulen” (Constant). [La correspondencia entre el ámbito de lo Público con lo Privado lleva a una correspondencia del Derecho Público (Leyes) con el Derecho Privado (Costumbre)[6]]

Posición del sujeto en la agregación política del mundo moderno: El sistema representativo 

La noción de Estado es resultado de la modernidad, en donde el Estado y la Sciedad, si bien están interconectados, se muestran diferenciados. Así, lo político, lo público, lo general se presenta separado y autónomo de lo privado[7].

La separación teórica entre Estado y Sociedad da lugar al problema de la representación de la Sociedad en el plano del Estado, momento en donde los partidos políticos se presentan como una instancia de mediación entre Estado y Sociedad, y consecuentemente a: “La institución de la representación, como mecanismo a través del cual la deliberación pública y las decisiones de gobierno se trasladan desde el titular de la soberanía democrática (el pueblo) hacia sus agentes (los representantes)” (Malamud)[8].

La Sociedad (el pueblo) es re-presentada en el plano del Estado (los representantes) en: “el órgano de representación política por excelencia (…) al que la ascendente burguesía fue constituyendo en herramienta de control de las medidas de gobierno: el parlamento (Oppo 1982)” (Malamud).

A consecuencia de esta separación el individuo independiente en el plano de la Sociedad [a la que corresponde la Vida privada] se presenta [en apariencia] como soberano en el plano del Estado: “Entre los modernos, (…) el individuo – independiente en su vida privada– no es, incluso en los Estados más libres, soberano sino en apariencia. Su soberanía está restringida, casi siempre suspendida; y si en épocas concretas (aunque raras), durante las cuales se le satura de precauciones y obstáculos, ejerce esta soberanía, no es sino para abdicarla después” (Constant) se trata entonces de “una participación ideal en una soberanía abstracta” (Constant).

Relación entre la libertad  de los modernos y el sistema representativo La relación entre la libertad  de los modernos y el sistema representativo es señalada por Constant cuando afirma: “Nos hace falta la libertad y la tendremos, pero como la libertad que nos hace falta es diferente a la de los antiguos, esta libertad necesita otra organización distinta a la que le convendría a la libertad antigua” (Constant); para la libertad antigua: “entre más consagraba el hombre tiempo y fuerza al ejercicio de sus derechos políticos, más se creía libre” (Constant) en tanto, para los modernos: “en la especie de libertad, de la cual somos susceptibles, en la medida que el ejercicio de nuestros derechos políticos nos deje tiempo para nuestros intereses privados, la libertad nos será más preciosa. / De ahí viene, señores, la necesidad del sistema representativo. El sistema representativo no es otra cosa que una organización que permite a la nación descansar sobre algunos individuos lo que no quiere o no puede hacer ella misma” (Constant).

En otros términos: “El sistema representativo es un poder otorgado a un determinado número de personas por la masa del pueblo, que quiere que sus intereses sean defendidos y que sin embargo no tiene tiempo de defenderlos siempre por sí mismas” (Constant).

El sistema representativo subyace a la forma en que la libertad se presenta a los modernos, para los cuales esta: “En fin, es el derecho, para cada uno de ellos, de influir en la administración del gobierno, ya sea para el nombramiento de todos o de algunos funcionarios, ya sea para las representaciones, las peticiones, las solicitudes, a las que la autoridad está más o menos obligada de tomar en consideración” (Constant).

De las Facciones políticas a los Partidos políticos

Facción política Los partidos políticos tienen su origen en un escenario teórico que distingue entre Estado y Sociedad, por lo que para designar a los grupos con un común propósito político que actúan en escenarios donde,  en un plano material y teórico, no está presente dicha distinción, empleamos el termino facción política [=Political faction].

Origen del termino: El término facción políticas se toma de uno de los Ludi (en latín, juegos, en singular, ludus) romanos más populares, el de la carreras de carros (Latin: ludi circenses)

En la antigua Roma la palabra latina factio denota originalmente a cualquiera de los equipos de contendientes para la carrera de carros en el circus, cada uno distinguible por el color de su vestido [Online Etymology Dictionary, entrada: faction (n.1)].

Las cuatro facciones más importantes fueron los Rojos, los Azules, los Verdes y los Blancos, según escribe Tertuliano a principios del siglo III originalmente había dos facciones:

“Carros, siendo por estos inventores puesta en uso,  con buena razón causó que los carreteros también sean vestidos en los colores de la idolatría. En el principio había dos caballos solamente, blanco y rojo” y explica: “El blanco era sagrado para el invierno debido a la nieve blanca, la roja para el verano debido al enrojecimiento del Sol. Pero después, cuando la lujuria, así como la superstición habían avanzado en el crecimiento, algunos consagraron el rojo a Marte, otros el blanco de los Céfiros, y un verde alguno además a la Madre Tierra o para la Primavera, un azul alguno para el Cielo y el Mar o para el Otoño. Pero al ver que cada suerte de idolatría es condenada de Dios, seguramente esto también es condenado, que es la oferta no consagrada a los elementos del universo” [Tertuliano (De spectaculis 9.5)  en: C. Dodgson, Tertullian Vol. 1. Apologetic and Practical Treatises. (1842). pp.187-219.  De Spectaculis / Of Public Shows, IX. Trad. cast. de Andrés Salvador].

Con el tiempo, las corrientes políticas podrían llegar a ser asociadas con algún equipo, en Constantinopla Bizantina, dos de esas facciones de carro, azul y verde, repetidamente hizo o rompió las demandas de candidatos al trono imperial.

En la raíz del poder político eventualmente adquirido por las facciones estaba el hecho de que desde mediados del siglo V, la creación [Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, entrada: creación, 3. f. Acción de crear (hacer a alguien lo que antes no era)] de un emperador requería que el debiera ser aclamado por el pueblo [Liebeschuetz, John Hugo Wolfgang Gideon (2003). "Shows and Factions". The Decline and Fall of the Roman City. Oxford, United Kingdom: Oxford University Press, p. 211].

Las facciones también intervenían en materia teológica aun cuando la hipótesis que sostiene que los Verdes tendían al Monofisismo mientras que los Azules permanecían en la Ortodoxia esté en disputa [Evans, James Allan Stewart (2005). "The Nika Revolt of 532". The Emperor Justinian and the Byzantine Empire. Westport, Connecticut: Greenwood Publishing Group, p. 17; Liebeschuetz 2003, p. 215]

Ejemplos de facciones políticas: Las siguientes son algunas de las facciones políticas del mundo antiguo, medieval y moderno [en este caso cuando la distinción entre Estado y Sociedad es material pero aun no teórica como ocurre en el siglo XVIII y primeras décadas del XIX]:

Optimates y populares en el Senado Romano: Los optimates (del latín optimātes, 'los hombres excelentes' también conocidos como los boni, "Buenos Hombres") y los popularii ('[a favor] del pueblo', en singular popularis) Son facciones de la República romana tardía (a partir de finales del siglo II a. C). P. A. Brunt  los describe en estos términos: “La destrucción de Tiberio y de toda su política como tribuno dividió al pueblo en dos partes. Los plebeyos, que ahora significaba los pobres, contra la facción de la “nobleza”, los “pocos” que dominaban el Senado y pretendían conservar esa autoridad; en ocasiones identifica virtualmente la facción con el Senado. Estos hombres tiranizaban al Estado; los plebeyos buscaban la libertad. / Los optimates incluyen toda la clase de la que provienen los senadores, la nobleza campesina, los comerciantes y aun los libertos. Son optimates todos los que en política cumplen con el deber de servir a los deseos, los intereses y las opiniones de los “buenos y los prósperos”. /  Los populares solían proponer, en desafío con el Senado, la distribución de tierras y de granos o la disminución de las deudas; los optimates se resistían en nombre de los derechos de propiedad o la economía pública. / Los optimates, eran por cierto, oligárquicos. Los populares, democráticos” y agrega: “Ni los populares ni los optimates constituían partidos de una vida permanente” [P. A. Brunt, Conflictos sociales en la República Romana (Plebeyos contra patricios)] en sentido estricto no son partidos.

Güelfos y gibelinos durante la Edad Media: Los güelfos [en italiano Guelfo, plural Guelfi,  forma italiana de Welf, la familia a la que pertenecía Enrique V (1086 – 1125) último emperador de la dinastía salía o dinastía francona] y gibelinos [por el castillo de Waiblingen de los la casa de los Hohenstaufen de Suabia] [Cantù, Cesare (1855). Historia universal 6. Imp. de Gaspar y Roig. p. 758] son facciones que apoyaban al Papa y al Santo Emperador Romano respectivamente, en las ciudades-estado italianas del centro y norte de Italia durante los siglos 12 y 13, y se asocia a la lucha por el poder entre el Papado y el Sacro Imperio Romano que había surgido con la Querella o Disputa de las Investiduras, que comenzó en 1075 y terminó con el Concordato de Worms en 1122. Sin embargo, en Italia la división entre güelfos y gibelinos persistió hasta el siglo 15.

Jacobinos y girondinos en la Francia revolucionaria: En la Revolución francesa los jacobinos [del francés jacobin; propiamente 'dominico', por celebrar sus reuniones en el convento dominico de de Saint Jacques (San Jacobo), derivado del latín Iacobus 'Jacobo', por alusión al hospicio de peregrinos de Santiago de Compostela del que se encargaban estos religiosos (Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, entrada: jacobino, na)] eran los miembros del grupo político llamado Société des amis de la Constitution [= Sociedad de Amigos de la Constitución], llamado Club breton, y más conocido entonces bajo el nombre de club des Jacobins [= club de los Jacobinos], republicanos, defensores de la soberanía popular, propugnaban el sufragio universal, y su visión de la indivisibilidad de la nación los llevaba a defender un estado centralizado; girondinos [del francés girondin, porque el grupo se formó en torno a algunos diputados del departamento francés de Gironda (Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, entrada: girondino, na)] es el nombre dado a un grupo político moderado y federalista de la Assemblée nationale législative [= Asamblea Nacional Legislativa] (1791 - 1792) y de la Convention nationale [= Convención Nacional] francesa (1792 - 1795).

Tories y Whigs: En mayo de 1679, Anthony Ashley-Cooper, primer conde de Shaftesbury, presentó a la cámara baja el Exclusion Bill [= proyecto de ley de exclusión], una ley tendente a la exclusión de Jacobo, Duke of York (1633 – 1701), convertido al catolicismo, de la sucesión al trono de Escocia y de Inglaterra e Irlanda dando origen a la llamada Exclusion Crisis [= Crisis de Exclusión] (1679 – 1681).

Para prevenir que este proyecto fuera aprobado como ley, Carlos II (1630 – 1685) había disuelto el parlamento en julio de 1679, y cuando un nuevo Parlamento fue elegido poco tiempo después, Carlos simplemente se negó a convocarlo a reunión. Entonces recibió una lluvia de peticiones pidiéndole que reuniera el parlamento. Los partidarios de la corte, llamados Abhorrers (del inglés abhorrence: antipatía, aversión, odio) por su antipatía y repulsión hacia la acción de aquellos que habían firmado peticiones, se reunieron en la facción política, fundada por Thomas Osborne, Earl of Danby (1632 – 1712), llamada Tory (insulto, derivado de la palabra del Oriente de Irlanda tóraidhe, Irlandés moderno tóraí – fuera de ley, ladrón, de la palabra irlandésa tóir, que significa 'persecución', desde que los fuera de ley fueron "hombres perseguidos") en tanto que los 'Petitioners', que sostuvieron activamente el texto de la ley, son el origen de los Whig (inicialmente un insulto: 'whiggamore', un conductor de ganado). [Encyclopædia Britannica: "Whig and Tory" (21014)].

La facción Tory  cesó de existir como una entidad política organizada a principios de los 1760s, pero en el siglo XIX se reconstituiría como Tory party en tanto los Whigs que dominan la política inglesa a lo largo de prácticamente todo el siglo XVIII, pasaran a denominarse Liberal Party dando con ello lugar al moderno partido político.

Federalistas hamiltonianos y republicanos jeffersonianos: “las formaciones prepartidarias de federalistas hamiltonianos y republicanos jeffersonianos en los Estados Unidos posteriores a la jura de la constitución” (Malamud).

La institución de la representación, la democracia moderna y los partidos políticos Los partidos políticos se presentan como una instancia de mediación entre Estado y Sociedad que viabiliza la representación: “La institución de la representación (…) establece la frontera histórica y teórica entre la democracia antigua o directa y la moderna o representativa. Simultáneamente, se produce la separación gradual entre el gobierno por medio de personas –ya sea en asamblea, consejo o monarquía— y el gobierno por medio de partidos –party government.” (Malamud).

Diferenciación intelectual entre partidos y facciones Como explica con detalle Giovanni Sartori [Partidos y sistemas de partidos, Alianza Editorial, Madrid [(2005), (versión original 1976)] la primera diferenciación intelectual entre partidos y facciones será construida por Edmund Burke en sus “Thoughts on the cause of the present discontents” (1770) = Pensamientos sobre las causas del actual descontento (Sartori 1980).

Tengamos presente que no debe identificarse el uso teórico de facción que hacemos uso aquí, con su uso material y teórico en el siglo XVIII: “En ese ámbito, los portadores de ideas afines, intereses coincidentes o, incluso, simpatías personales, elaboraron los primeros lazos de solidaridad de las que en un principio serían llamadas “facciones”. Con una carga de valor negativa, este término hacía referencia a las divisiones políticas subnacionales a las que la concepción organicista, holista y monocrática de la sociedad entonces reinante no podía menos que calificar de antinatural (Sartori 1980)” (Malamud).

 “Hollando sendas previamente transitadas por sus compatriotas Hume y Bolingbroke, Burke llegó más allá al comprender que la existencia de divergencias en el seno de la sociedad (y de sus representantes) era una realidad ineludible, pero tales divisiones podían ser canalizadas a fin de mejorar la organización del gobierno y el control de la monarquía.” (Malamud).

Nacimiento de los partidos modernos El partido político, como lo entendemos ahora, surge en el siglo XIX en el Parlamento de Gran Bretaña con la organización estructural de los Tories y los Whigs en el Partido Conservador y Liberal respectivamente: “A pesar de que el origen de los partidos estuvo signado por el desprecio generalizado, su crecimiento en prosélitos y tareas se desarrolló sostenidamente; carecieron, sin embargo, de una justificación teórica lo suficientemente difundida como para aceptarlos con algo más que resignación (…) Puede tomarse como acta de nacimiento formal de los partidos a la Reform Act (reforma electoral) dada en Inglaterra en 1832, lo que implica considerar a todas las asociaciones políticas sectoriales anteriores a esa fecha como antecesores de los partidos modernos” (Malamud).

Bibliografía [Consultar]


[1] Cf. Aristóteles, Política, ed. Gredos, Madrid, 1988, trad. cast. de Manuela Gracía Valdés, pp. 50 y 52.

[2] Cf. Benjamin Constant, Sobre la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos, Traducido por Carlos Patiño Gutiérrez.

[3] El de soberanía es un concepto asociado al desarrollo de los estados modernos, y en consecuencia ausente en la antigüedad o en la edad media  por lo tanto el empleo del término por Constant es anacrónico.

[4] De allí que el kratos = poder sea colocado en el centro del espacio cívico con lo que se evita su acaparamiento por uno de los elementos múltiples (personalidades) que componen la ciudad, con la consecuente aparición de la tiranía y la lógica ruina de la misma, localización esta que se designa como Isonomia con arreglo a la cual dichos elementos obedecen todos juntos a una ley común (Vernant, p.87)

[5] From Alexander Hamilton to Gouverneur Morris, 19 May 1777: But a representative democracy, where the right of election is well secured and regulated & the exercise of the legislative, executive and judiciary authorities, is vested in select persons, chosen really and not nominally by the people, will in my opinion be most likely to be happy, regular and durable.

[6] La separación entre ambos espacio teóricos se opera en el contexto de las revoluciones burguesas de los siglos XVII – XVIII.

[7] Córdova, Arnaldo,  pp. 19-68

[8] Andrés Malamud , Capítulo 7.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Derecho Político - Comisión B6 (Martes)

Materia: Derecho Político - Año académico: 2017 - Período Lectivo: Primer Cuatrimestre - Comisión: B6 - Profesor Andrés Salvador 


1. Clase 9/5 Desarrollo Bolilla 7

2. Instructivo para Trabajo Práctico Final

Tema: Influencia de Hobbes y Russeau en De los delitos y de las penas  de Cesare Beccaria

Objeto: Producir una comunicación orientada al examen la influencia teórico política de Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau en Dei delitti e delle pene = De los delitos y de las penas (1764)  de Cesare Beccaria, con particular atención a los siguientes dos asuntos:

a) Estado de los hombres en la época anterior al contrato o pacto

b) Motivo del contrato o pacto

Formato: Trabajo individual de extensión no mayor de cuatro (4) hojas impresas en  A4, Time New Roman 10, interlineado sencillo, margenes izquierdo-derecho superior-inferior 2 cm.

Se deberá desagregar en el mismo: Titulo, subtitulo, introducción, antecedentes, desarrollo, conclusion, notas y bibliografía.

Fecha de presentación: A determinar

3. Lecturas sugeridas 


martes, 25 de abril de 2017

Derecho Político - Comisión B6 (Martes)

Materia: Derecho Político - Año académico: 2017 - Período Lectivo: Primer Cuatrimestre - Comisión: B6 - Profesor Andrés Salvador 



MUY IMPORTANTE

Alumnos ausentes

Los Alumnos ausentes en la fecha serán examinados el día martes 02 de mayo a las 09:00 hs.

Alumnos que rindieron 

Todos los Alumnos que rindieron en el día de la fecha:

1. tienen clase el próximo martes 02 de mayo a las 10:15 hs

2. a la misma y tomando como caso el texto de Cesare Beccaria,  Dei delitti e delle pene = De los delitos y de las penas (1764)  deberán traer respondidas  (impresas en  hoja A4, Time New Roman 10, interlineado sencillo, margenes izquierdo-derecho superior-inferior 2 cm) las siguientes preguntas:

1) En que tipo de derecho se justifica el Poder

2) Cual es el estado de los hombres en la época anterior al contrato o pacto?

3) A que autor expresa el principio o pauta anterior y porque?

4) Cual es la causa que da motivo al contrato o pacto ?

5)  Si el conjunto de todas las porciones de libertad, sacrificadas al bien de cada uno, forma la soberanía de una nación (Origen de la penas)  a cual de las épocas que se distinguen en las sociedades políticas (Sieyes) pertenece el texto?

Nota En cada caso deberan responder tomando los conceptos teoricos del texto estudiado (Zimerman etc) y justificar la respuesta (salvo la pregunta 5) con los parrafos de Beccaria que estime pertinente indicado en cada caso  si el mismo pertenece a la  advertencia Al lector, la Introducción o a los capítulos 1.Origen de las penas  2. Derecho de castigar

miércoles, 19 de abril de 2017

Derecho Político - Comisión B6 (Martes)

Materia: Derecho Político - Año académico: 2017 - Período Lectivo: Primer Cuatrimestre - Comisión: B6 - Profesor Andrés Salvador 


MUY IMPORTANTE Primer Parcial martes 25 de abril a las 09:00 hs. Traer leídos e impresos para el examen los dos siguientes textos:



Cesare Beccaria, Dei delitti e delle pene = De los delitos y de las penas (1764)


AL LECTOR 

Algunos restos de leyes de un antiguo pueblo conquistador, hechas recopilar por un príncipe que hace doce siglos reinaba en Constantinopla, mezcladas después con ritos lombardos y envueltas en farragosos volúmenes de privados y oscuros intérpretes, forman aquella tradición de opiniones que en una gran parte de Europa tiene todavía el nombre de leyes; y es cosa tan común cuanto funesta ver en nuestros días que una opinión de Carpzovio, un uso antiguo señalado por Claro, un tormento sugerido con iracunda complacencia por Farinaccio, sean las leyes obedecidas con seguridad y satisfacción por aquellos que para regir las vidas y fortunas de los hombres deberían obrar llenos de temor y desconfianza. Estas leyes, heces de los siglos más bárbaros, se han examinado en este libro en la parte que corresponde al sistema criminal, y cuyos desórdenes se intenta exponer a los directores de la felicidad pública con un estilo que espanta al vulgo no iluminado e impaciente. La ingenua averiguación de la verdad, la independencia de las opiniones vulgares con que se ha escrito esta obra, son efecto del suave e iluminado gobierno bajo el cual vive el autor. Los grandes monarcas, los bienhechores de la humanidad que nos rigen, aman las verdades expuestas sin fanatismo por el oscuro filósofo, detestado solamente por quien (rechazado por la razón) se vuelca en la fuerza o en la industria; y los desórdenes presentes son, para quien bien examina todas las circunstancias, la sátira y zaherimiento de las edades pasadas, no de este siglo y de sus legisladores. 

Cualquiera que quisiere honrarme con su crítica, empiece pues por conocer bien el fin al que se dirige esta obra; fin que, conseguido, bien lejos de disminuir la legítima autoridad, serviría para aumentarla, si puede en los hombres más la razón que la fuerza, y si la dulzura y la humanidad la justifican a los ojos de todos. Las críticas mal entendidas que se han publicado contra este libro se fundan en confusas nociones y me obligan a interrumpir por un instante mis razonamientos para los sabios lectores, a fin de cerrar de una vez para siempre toda entrada a los errores de un tímido celo o a las calumnias de la maligna envidia. 

Tres son los manantiales de donde se derivan los principios morales y políticos reguladores de los hombres: la revelación, la ley natural y los pactos establecidos por la sociedad. No hay comparación entre la primera y las otras con relación a su fin principal, pero son semejantes en que conducen todas tres para la felicidad de esta vida mortal. Considerar las relaciones de la última, no es excluir las relaciones de las dos primeras; antes bien, al modo que éstas, sin embargo de ser divinas e inmutables, fueron depravadas de mil modos en los entendimientos de los hombres, admitiendo estos malamente religiones falsas y arbitrarias nociones de virtud y de vicio, así parece necesario examinar, separadamente de toda otra consideración, lo que nazca de las puras convenciones humanas o expresas o supuestas por la necesidad y utilidad común, idea en que toda secta y todo sistema de moral debe necesariamente convenir; y será siempre laudable empresa la que contribuyese a reducir aun los hombres más incrédulos y porfiados para que se conformen con los principios que los impelen a vivir en sociedad. Hay, pues, tres distintas clases de vicio y de virtud: religiosa, natural y política. Estas tres clases no deben jamás tener contradicción entre sí, pero no del mismo modo en todas las consecuencias y obligaciones que resultan de las otras. No todo lo que pide la revelación lo pide la ley natural, ni todo lo que ésta pide lo pide la pura ley social. Siendo importantísimo separar lo que resulta de los pactos tácitos o expresos de los hombres, porque los límites de aquella fuerza son tales que pueden ejercitarse legítimamente entre hombre y hombre sin una especial misión del Ser supremo. Así, pues, la idea de la virtud política puede sin defecto llamarse variable; la que resulta de la virtud natural sería siempre limpia y manifiesta, si las pasiones o la flaqueza de los hombres no la oscureciesen; pero la que dimana de la virtud religiosa es siempre una y constante porque revelada de Dios inmediatamente está conservada por él mismo. 

Sería, pues, un error atribuir a quien habla de convenciones sociales y de sus consecuencias principios contrarios a la ley natural o a la revelación porque no trata de éstas. Sería un error en quien hablando del estado de guerra antes del estado de sociedad lo tomase en el sentido hobbesiano, esto es, de ninguna razón ni obligación anterior, en vez de tomarlo por un hecho nacido de la corrupción de la naturaleza humana y de la falta de un establecimiento expreso. Sería un error imputar delito a un escritor que considera las emanaciones del pacto social por no admitirlas antes del pacto mismo. 

La justicia divina y la justicia natural son por su esencia inmutables y constantes, porque la relación entre dos mismos objetos es siempre la misma; pero la justicia humana, o sea política, no siendo más que una relación entre la acción y el vario estado de la sociedad, puede variar a proporción que se haga necesaria o útil a la misma sociedad aquella acción; ni se discierne bien sino resolviendo las complicadas y mudables relaciones de las combinaciones civiles. Pero si estos principios, esencialmente distintos, se confundieren no hay esperanza de raciocinar con fundamento en las materias públicas. A los teólogos pertenece establecer los confines de lo justo y de lo injusto, en la parte que mira la intrínseca malicia o bondad del acto; y al publicista determinar las relaciones de lo justo o injusto político, esto es, del daño o provecho de la sociedad. Ni un objeto puede perjudicar al otro, porque es manifiesto cuánto la verdad puramente política debe ceder a la inmutable virtud dimanada de Dios. 

Cualquiera, repito, que quisiere honrarme con su crítica, no empiece suponiendo en mí principios destruidores de la virtud o de la religión, pues tengo demostrado no son tales los míos y, así, en lugar de concluirme incrédulo o sedicioso, convénzame de mal lógico o de imprudente político; no se amotine por las proposiciones que sostengan el interés de la humanidad; hágame ver la inutilidad o daño político que pueda nacer de mis principios, y la ventaja de las prácticas recibidas. He dado un público testimonio de mi religión y de mi sumisión a mi soberano con la respuesta a las Note ed osservazioni; sería superfluo responder a otros escritos semejantes; pero quien escribiere con aquella decencia que tanto conviene a los hombres honestos y con aquellos conocimientos que me dispensen de probar los primeros principios de cualquiera clase que fueren, encontrará en mí no tanto un hombre que procura responder, cuanto un pacífico amante de la verdad. 

INTRODUCCIÓN 

Abandonan los hombres casi siempre las reglas más importantes a la prudencia de un momento, o a la discreción de aquellos cuyo interés consiste en oponerse a las leyes más próvidas; y así como del establecimiento de éstas resultarían universales ventajas, resistiendo al esfuerzo por donde pudieran convertirse en beneficio de pocos, así, de lo contrario, resulta en unos todo el poder y la felicidad, y en otros toda la flaqueza y la miseria. Las verdades más palpables desaparecen fácilmente por su simplicidad, sin llegar a ser comprendidas de los entendimientos comunes. No acostumbran éstos a discurrir sobre los objetos; por tradición, no por examen, reciben de una vez todas las impresiones, de modo que solo se mueven a reconocer y remediar el cúmulo de desórdenes que los oprime cuando han pasado por medio de mil errores en las cosas más esenciales a la vida y a la libertad, y cuando se han cansado de sufrir males sin número. 

Las historias nos enseñan que debiendo ser las leyes pactos considerados de hombres libres, han sido partos casuales de una necesidad pasajera; que debiendo ser dictadas por un desapasionado examinador de la naturaleza humana, han sido instrumento de las pasiones de pocos. La felicidad mayor colocada en el mayor número, debiera ser el punto a cuyo centro se dirigiesen las acciones de la muchedumbre. Dichosas, pues, aquellas pocas naciones que, sin esperar el tardo y alternativo movimiento de las combinaciones humanas, aceleraron con buenas leyes los pasos intermedios de un camino que guiase al bien, evitando de este modo que la extremidad de los males los forzase a ejecutarlo; y tengamos por digno de nuestro reconocimiento al filósofo que, desde lo oscuro y despreciado de su aposento, tuvo valor para arrojar entre la muchedumbre las primeras simientes de las verdades útiles, por tanto tiempo infructuosas. 

Conocemos ya las verdaderas relaciones entre el soberano y los súbditos, y la que tienen entre sí recíprocamente las naciones. El comercio animado a la vista de las verdades filosóficas, comunicadas por medio de la imprenta, ha encendido entre las mismas naciones una tácita guerra de industria, la más humana y más digna de hombres racionales. Estos son los frutos que se cogen a la luz de este siglo; pero muy pocos han examinado y combatido la crueldad de las penas y la irregularidad de los procedimientos criminales, parte de legislacion tan principal y tan descuidada en casi toda Europa. Poquísimos, subiendo a los principios generales, combatieron los errores acumulados de muchos siglos, sujetando a lo menos con aquella fuerza que tienen las verdades conocidas el demasiado libre ejercicio del poder mal dirigido, que tantos ejemplos de fría atrocidad nos presenta autorizados y repetidos. Y aun los gemidos de los infelices sacrificados a la cruel ignorancia y a la insensible indolencia, los bárbaros tormentos con pródiga e inútil severidad multiplicados por delitos o no probados o quiméricos, la suciedad y los horrores de una prisión, aumentados por el más cruel verdugo de los miserables que es la incertidumbre de su suerte, debieran mover aquella clase de magistrados que guía las opiniones de los entendimientos humanos. 

El inmortal presidente de Montesquieu ha pasado rápidamente sobre esta materia. La verdad indivisible me fuerza a seguir las trazas luminosas de este grande hombre, pero los ingenios contemplativos para quienes escribo sabrán distinguir mis pasos de los suyos. Dichoso yo si pudiese, como él, obtener las gracias secretas de los retirados pacíficos secuaces de la razón, y si pudiese inspirar aquella dulce conmoción con que las almas sensibles responden a quien sostiene los intereses de la humanidad. 

1 Origen de la penas 

Las leyes son las condiciones con que los hombres independientes y aíslados se unieron en sociedad, cansados de vivir en un continuo estado de guerra y de gozar una libertad que les era inútil en la incertidumbre de conservarla. Sacrificaron por eso una parte de ella para gozar la restante en segura tranquilidad. El conjunto de todas estas porciones de libertad, sacrificadas al bien de cada uno, forma la soberanía de una nación, y el soberano es su administrador y legítimo depositario. Pero no bastaba formar este depósito, era necesario también defenderlo de las usurpaciones privadas de cada hombre en particular. Procuran todos no solo quitar del depósito la porción propia, sino usurparse las ajenas. Para evitar estas usurpaciones se necesitaban motivos sensibles que fuesen bastantes a contener el ánimo despótico de cada hombre cuando quisiere sumergir las leyes de la sociedad en su caos antiguo. Estos motivos sensibles son las penas establecidas contra los infractores de aquellas leyes. Llámolos motivos sensibles porque la experiencia ha demostrado que la multitud no adopta principios estables de conducta ni se aleja de aquella innata general disolución, que en el universo físico y moral se observa, sino con motivos que inmediatamente hieran en los sentidos, y que de continuo se presenten al entendimiento para contrabalancear las fuertes impresiones de los ímpetus parciales que se oponen al bien universal: no habiendo tampoco bastado la elocuencia, las declamaciones y las verdades más sublimes para sujetar por mucho tiempo las pasiones excitadas con los sensibles incentivos de los objetos presentes. 

2 Derecho de castigar 

Toda pena, dice el gran Montesquieu, que no se deriva de la absoluta necesidad, es tiránica; proposición que puede hacerse más general de esta manera: todo acto de autoridad de hombre a hombre que no se derive de la absoluta necesidad, es tiránico. He aquí pues el fundamento del derecho del soberano a penar los delitos: la necesidad de defender el depósito de la salud pública de las particulares usurpaciones; y tanto más justas son las penas, cuanto es más sagrada e inviolable la seguridad y mayor la libertad que el soberano conserva a los súbditos. Consultemos el corazón humano y encontraremos en él los principios fundamentales del verdadero derecho que tiene el soberano para castigar los delitos, porque no debe esperarse ventaja durable de la política moral cuando no está fundada sobre los sentimientos indelebles del hombre. Cualquiera ley que se separe de éstas, encontrará siempre una resistencia opuesta que vence al fin; del mismo modo que una fuerza, aunque pequeña, siendo continuamente aplicada, vence cualquier violento impulso comunicado a un cuerpo. 

Ningún hombre ha dado gratuitamente parte de su libertad propia con solo la mira del bien público: esta quimera no existe sino en las novelas. Cada uno de nosotros querría, si fuese posible, que no le ligasen los pactos que ligan a los otros. Cualquier hombre se hace centro de todas las combinaciones del globo. 

La multiplicación del género humano, pequeña por sí misma, pero muy superior a los medios que la naturaleza estéril y abandonada ofrecía para satisfacer a las necesidades que se aumentaban cada vez más entre ellos, reunió los primeros salvajes. Estas primeras uniones formaron necesariamente otras para resistirlas, y así el estado de guerra se transfirió del individuo a las naciones. 

Fue, pues, la necesidad quien obligó a los hombres para ceder parte de su libertad propia: y es cierto que cada uno no quiere poner en el depósito público sino la porción más pequeña que sea posible, aquélla solo que baste a mover los hombres para que le defiendan. El agregado de todas estas peque- ñas porciones de libertad posibles forma el derecho de castigar: todo lo demás es abuso y no justicia; es hecho, no derecho. Obsérvese que la palabra derecho no es contradictoria de la palabra fuerza; antes bien aquélla es una modificación de ésta, cuya regla es la utilidad del mayor número. Y por justicia entiendo sólo el vínculo necesario para tener unidos los intereses particulares, sin el cual se reducirían al antiguo estado de insociabilidad. Todas las penas que sobrepasan la necesidad de conservar este vínculo son injustas por su naturaleza. También es necesario precaverse de no fijar en esta palabra justicia la idea de alguna cosa real, como de una fuerza física o de un ser existente; es solo una simple manera de concebir de los hombres: manera que influye infinitamente sobre la felicidad de cada uno. No entiendo tampoco por esta voz aquella diferente suerte de justicia que dimana de Dios, y que tiene sus inmediatas relaciones con las penas y recompensas eternas.